«El ciudadano medio no tiene acceso directo a los hechos complejos del mundo moderno. Vive en un pseudoentorno compuesto de rumores, imágenes simplificadas y narrativas fabricadas.
Pretender que tal ciudadano, desinformado por estructura, pueda decidir racionalmente sobre política internacional, economía o ciencia es una ilusión peligrosa. La democracia no falla por corrupción, sino por epistemología: exige a las personas juicios que exceden sus posibilidades cognitivas. El resultado no es autogobierno, sino gobierno de símbolos, de consignas y de quienes saben manipularlas.
El sufragio universal, cuando se ejerce sin educación, no es un instrumento de progreso, sino un mecanismo de estancamiento. No afirmo que solo los instruidos deban gobernar, pero sí que el voto del ignorante no puede valer lo mismo que el del informado. La igualdad política no exige que se ignore toda diferencia de capacidad; exige, por el contrario, que se aprovechen las capacidades para el bien común. Un pueblo que no sabe discernir entre un argumento y un eslogan, entre un demagogo y un estadista, se convierte en presa de quienes explotan sus pasiones. No es tiranía exigir competencia para participar en decisiones que afectan a todos; es una forma de responsabilidad.
La democracia otorga poder político a personas que son ignorantes, irracionales y profundamente sesgadas respecto a los asuntos públicos. No exigimos preparación para opinar sobre política, pero sí para conducir un coche o ejercer la medicina. Sin embargo, una decisión política equivocada puede causar más daño que un mal conductor. La epistocracia no es el gobierno de una élite social, sino el gobierno de los competentes, de aquellos que pueden demostrar un conocimiento básico de los hechos relevantes y un mínimo de razonamiento crítico. Excluir la ignorancia no es injusticia; es una obligación moral hacia quienes sufrirán las consecuencias de decisiones incompetentes», Arthur H. Wainbridge, «The Burden of Knowing: Notes Toward a Civic Aristocracy», Penguin Random House, Londres–Nueva York, 2020, p. 217.
