Ser escritor es aceptar una vida de privaciones voluntarias. Escribir es una manera de vivir mal para poder escribir bien. Todo sacrificio es poco cuando se trata de alcanzar una frase justa y hermosa. El destino del escritor no es protegerse, sino transformar la vulnerabilidad en forma. Donde otros se rompen, el escritor escribe; no porque sea más fuerte, sino porque no tiene otra defensa, otro destino. El escritor no debe esperar recompensa alguna; ni dinero, ni fama, ni comprensión. Su única obligación es para con la obra, y su única dignidad consiste en no traicionarla.
Soy un escritor enfermo. El escritor enfermo vive demasiado cerca de la jauría de sus pensamientos. Todo se vuelve significativo, todo pesa, una película de alquitrán cubre los objetos. Todo te alude en un sistema autorreferencial obsesivo. Escribir es un gesto de arrogancia contra la enfermedad. Escribir ordena durante un tiempo, pero la lucidez, a veces, no concede descanso. El destino es resistir mientras se pueda.
No sé cuánto tiempo me queda de escritor en sus cabales. No sé cuánto tiempo me queda hasta que se rompa mi mente. El destino de un escritor como yo es pelear incluso contra las palabras, aunque al final pierda las batallas y las mismas palabras se conviertan en seres extraños.
