Tu quoque 110

Denis Diderot

“La educación no debe formar artesanos dóciles ni especialistas ciegos, sino hombres capaces de juzgar, de relacionar y de comprender el conjunto. Un espíritu lleno de hechos inconexos es tan inútil como un espíritu vacío».

Voltaire

“La ignorancia afirma o niega con seguridad; el saber duda, examina, pesa. La educación que no enseña a dudar produce fanáticos o siervos.”

Alain

“Se instruye demasiado y se forma demasiado poco. La inteligencia sin carácter es peligrosa; el carácter sin inteligencia es ciego”.

Friedrich Nietzsche

“La educación universal, tal como hoy se la concibe, no eleva: rebaja. Produce hombres útiles, pero no espíritus libres; funcionarios de la vida, no creadores de valores”.

Hannah Arendt

“Educar es asumir la responsabilidad por el mundo. Quien rehúsa esta responsabilidad no debería ni educar ni tener hijos”.

Harold Bloom

“Una educación que no conduce a la lectura profunda crea individuos informados pero interiormente vacíos. La pérdida del canon es la pérdida de la memoria y del criterio”.

Allan Bloom

“Los estudiantes llegan a la universidad convencidos de que todas las opiniones valen lo mismo. Esa convicción no es tolerancia: es la muerte del pensamiento”.

Moses I. Finley

“Los griegos no educaban para el empleo, sino para la vida. Todo lo demás era secundario”.

Immanuel Kant

“El hombre sólo llega a ser hombre por la educación. No es sino lo que la educación hace de él. Educar no consiste en adiestrar, sino en enseñar a pensar por uno mismo”.

Wilhelm von Humboldt

“La verdadera finalidad de la educación es la formación armónica de todas las fuerzas del espíritu, no la utilidad inmediata ni la especialización prematura”.

José Ortega y Gasset

“La misión de la universidad no es producir especialistas, sino hombres cultos capaces de orientarse en la vida. El especialista que ignora el conjunto es un bárbaro moderno».

Matthew Arnold

“La cultura es el conocimiento de lo mejor que se ha pensado y dicho en el mundo, y el deseo de hacerlo prevalecer”.

George Steiner

“Un hombre verdaderamente educado es aquel que puede relacionar un verso con una idea filosófica, un hecho histórico con un problema moral, una obra de arte con una visión del mundo”.

Simone Weil

“El objetivo último de la educación no es la adquisición de conocimientos, sino el aprendizaje de la atención. Sin atención, no hay verdad ni justicia”.

Albert Camus

“Una educación que no enseña a pensar conduce inevitablemente al conformismo o al fanatismo”.

Julien Benda

“La traición de los intelectuales comienza cuando renuncian a la verdad universal para servir a la utilidad inmediata”.

Richard Hofstadter

“El antiintelectualismo moderno no es ignorancia, sino hostilidad hacia el pensamiento complejo».

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No es solo que “la gente es inculta”, sino que se instauró un ecosistema que convierte la incultura en identidad y forma de vida, y la cultura en sospecha. Y ese ecosistema no merece otro nombre que el de sociedad anti-ilustrada.

1) Del “no saber” al “presumir o jactarse de no saber”

En otras épocas, la ignorancia podía ser un hecho triste, incluso vergonzante. En la sociedad anti-ilustrada ocurre algo nuevo: la ignorancia se vuelve señal de pertenencia orgullosa.

El que sabe es “pedante”, “elitista”, “raro”, “sospechoso”.

Es un cambio psicológico: la incultura ya no pide disculpas; exige respeto como si fuese una virtud. Y, al exigirlo, obliga a que el saber se esconda o se rebaje.

2) El antiintelectualismo no es ignorancia: es hostilidad al matiz

No se trata de que falten expertos (los hay, y muchos), sino de que la masa afectiva se mueve por relatos que premian lo simple, lo inmediato y lo emotivo. Se da alergia a la complejidad; si algo requiere tiempo, es un “rollo”; alergia a la jerarquía: si hay mejor y peor, eso “ofende”; alergia al criterio: si alguien distingue, “discrimina”; alergia a la verdad: que se sustituye por “mi verdad” y “mi opinión”.

Y aquí mi tesis de sociedad «anti-ilustrada” es exacta: la Ilustración creía en el uso público de la razón, en el examen, en la crítica. La época anti-ilustrada cree en la susceptibilidad, en la consigna.

3) La pseudocultura como mercancía total

Cuando la cultura se convierte en producto masivo, hay una tentación estructural: vender lo que engancha más, no lo que eleva más. ¿Qué engancha más? Lo escandaloso, tribal, obsceno, inmediato y sentimentalmente simplificado.

4) “Pseudodemocracia”: cuando la opinión sustituye al juicio

Aquí conviene afinar: la democracia no muere solo por falta de elecciones; muere cuando la ciudadanía pierde el instrumento esencial: el juicio.

La democracia necesita un mínimo de lectura (capacidad de sostener un argumento), memoria (capacidad de comparar), vergüenza intelectual (saber que uno puede estar equivocado), y algo de virtud cívica (no venderse a lo fácil).

Sin eso, la democracia se convierte en un teatro de preferencias manipulables; una “pseudodemocracia” donde el poder real lo tiene quien controla los estímulos (medios, redes, marketing, consignas).

5) El papel de los medios: no informar, sino modelar

6) El engaño del “esto es lo mejor”

Lo más trágico: no es que den lo peor; es que lo venden como lo mejor, y la gente lo acepta con gratitud. Ese es el sello de la sociedad anti-ilustrada; ya no distingue, ya no sospecha, ya no compara, ya no aspira.

Y cuando la aspiración muere, la civilización no se derrumba con estruendo: se abarata.

7) Un matiz necesario para no caer en desesperación

Algo importante; en todas las épocas hay “masa” y hay “minoría”. Lo nuevo no es la existencia de lo gregario; lo nuevo es que el sistema técnico-mediático ha hecho lo gregario hegemónico en la esfera pública y ha penalizado el mérito intelectual con burla.

Pero incluso en épocas oscuras, la cultura ha sobrevivido en bibliotecas, pequeños círculos o cenáculos,maestros reales, lectores solitarios, y obras escritas contra su tiempo.

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