Tu quoque 119

La inteligencia humana no nace del cálculo abstracto, sino de la capacidad de comprender los orígenes, las causas ocultas y las metamorfosis del tiempo. No se apresura a juzgar y observa largamente, soporta la ambigüedad y acepta que lo real no se deja reducir a fórmulas simples. La impaciencia es el vicio de los espíritus pobres. Las sociedades democráticas tienden a desconfiar de la inteligencia profunda, porque esta introduce matices allí donde se desean certezas rápidas. Pensar con rigor es ir contra la corriente del consenso. Quien entiende sin memoria histórica solo razona a medias. Pensar es recordar cómo llegaron las cosas a ser lo que son.

La inteligencia es la facultad de no aceptar el mundo tal como se presenta. El hombre inteligente vive en estado provisional, siempre consciente de que las cosas podrían ser de otra manera. La inteligencia no nos da acceso inmediato a la verdad; al contrario, suele ocultarla bajo hábitos y abstracciones. Solo cuando la inteligencia se humilla ante la experiencia, comienza a comprender. Raymond Aron: “La inteligencia consiste en resistir las explicaciones simples cuando la realidad es compleja. Pensar bien es aceptar la incomodidad de no tener respuestas inmediatas». Albert Einstein: “La inteligencia no se manifiesta en el conocimiento acumulado, sino en la imaginación disciplinada que sabe formular las preguntas correctas. Comprender es saber qué preguntar”. Describe con precisión y detente; te convertirás en alguien inteligente.

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