La escritura puede acabarse de golpe. No avisa. Un día escribes la última frase sin saberlo. Después todo continúa, pero ya no hay impulso. El mundo sigue siendo intolerable, pero ya no hay medio para decirlo. Ese es el verdadero final. Está cerca. Lo intuyo. No es un bloqueo espectacular, sino una sequedad progresiva. Escribir se parece entonces a hablar con alguien que no responde. Lo peor no es el silencio, sino el hábito del silencio. Tal vez un día no vuelva a escribir, y no será una tragedia visible, sino una desaparición discreta. Si un día no pudiera escribir más, no sabría decir quién soy. La escritura no es para mí una actividad: es una prueba de existencia. Sé que se acerca esa noche irreversible.
Tu quoque 127
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura. Ver todas las entradas de christiansanz71
