Tu quoque 130

Tras dos horas amainó y la opresión había desaparecido. Si la cabeza fue una habitación cerrada, ahora vuelve a tener ventanas. No ha ocurrido nada extraordinario; no ha habido revelación ni consuelo externo. Simplemente, el miedo se retiró como se retira una fiebre durante la noche. Comprendo entonces que no siempre hay que vencer la angustia; a veces basta con resistirla hasta que se agota. Después de esas horas en que el pensamiento se deshilacha y todo parece cargado de insoportables intensidades, llega de pronto una claridad inesperada. No es felicidad; es algo más modesto y más sólido. Puedo volver a mirar un vaso, una frase, una hora del día, sin que me atraviesen. La mente deja de ser un campo de batalla y vuelve a ser una mesa de trabajo.

Porque hay instantes en los que el dolor mental se retira como una marea negra. No porque uno haya comprendido algo, sino porque el cuerpo ya no puede sostener el pánico. Entonces aparece una calma brutal, casi animal. No es paz, pero es suelo sólido .En esos momentos uno sabe que no está curado, pero también sabe que no está perdido. Tras los periodos de máxima tensión nerviosa, sobrevienen fases en las que el pensamiento se ordena sin esfuerzo. No desaparecen todas las ideas extrañas, pero pierden su fuerza imperativa. Ya no dominan. El sujeto puede observarlas como se observa una cicatriz; están ahí, pero no supuran.

***

Epicuro

“Cuando decimos que el placer es el fin, no nos referimos a los placeres del libertinaje ni a los del goce sensual, como creen algunos por ignorancia, sino a la ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma. Pues no son los banquetes continuos ni el disfrute de muchachos y mujeres, ni los peces ni los demás manjares de una mesa lujosa los que producen una vida feliz, sino el razonamiento sobrio que examina las causas de toda elección y de todo rechazo, y disipa las opiniones falsas de las que procede la mayor turbación del alma».

Séneca

“La vida feliz es la que está de acuerdo con su propia naturaleza; esto no puede lograrse sino cuando el alma está sana, firme y constante en su tranquilidad, cuando es fuerte y paciente, adaptada a las circunstancias, cuidadosa del cuerpo y de todo lo que le concierne, sin ansiedad, sin temor, sin dejarse abatir por los golpes del azar”.

Michel de Montaigne

“Mi mayor ambición es vivir y gozar tranquilamente de mi ser. La felicidad no está en los grandes éxitos ni en las acciones memorables, sino en una disposición constante del alma que sabe mantenerse en reposo. Me parece una gran cosa saber vivir consigo mismo, sin tumulto ni inquietud”.

Baruch Spinoza

“La beatitud no es el premio de la virtud, sino la virtud misma. No gozamos de ella porque reprimamos nuestras pasiones, sino que, por el contrario, porque gozamos de ella podemos reprimirlas. La paz del alma nace del conocimiento adecuado de sí mismo y del orden necesario de las cosas”.

Arthur Schopenhauer

“La felicidad pertenece al ámbito de lo negativo: consiste en la ausencia de dolor, de inquietud y de sufrimiento. Todo placer intenso es breve y va seguido de vacío. En cambio, la tranquilidad, la seguridad interior y la calma del ánimo constituyen un bien más sólido y verdadero».

Deja un comentario