¡ALEGRÓN ENORME! Mi editor me informa que ya se publicaron no uno, ni dos, sino tres libros de golpe. Pudor y alivio. No pienso en los lectores, ni en el juicio, ni en el futuro. Pienso en el trabajo cumplido, en las horas silenciosas que ahora se han solidificado en papel. Es una alegría serena, casi doméstica, pero profundamente real. Publicar un libro no es tanto exponerse como desprenderse. El manuscrito deja de ser una posibilidad y se convierte en un objeto exacto. En ese momento se siente una felicidad muy particular: no la del éxito, sino la de haber dado forma a algo que antes solo era incertidumbre. Jules Renard: «Mi libro está ahí. No me hace más sabio ni más importante, pero me da una calma especial. He puesto algo en el mundo y el mundo no se ha quejado. Para hoy, eso basta» Thomas Bernhard: «Cada libro terminado y publicado es una victoria mínima contra la dispersión y el silencio. No trae paz duradera, pero concede un respiro. Durante un instante uno piensa: he resistido.»
No puedo resistir lo feliz que estoy.
