Mi gran propósito para este año que empieza es leer mucho más (tengo muchas lecturas pendientes y amontonadas debido al esfuerzo de escritura y reflexión de mis libros) Porque no logré hacer nada en mi vida con una alegría tan duradera como al leer. Cuando me siento fatigado de mí mismo, cuando el trato con los hombres y el mundo me abruma, vuelvo a mis libros como a un puerto seguro. Allí no se me exige nada, no se me juzga, no se me pide resolución alguna. Leo no para aprender a hablar, sino para aprender a vivir; no para disputarlo y confrontarlo todo, sino para templar y serenar el ánimo. Leer es una forma de pertenencia. Allí donde abrimos un libro, entramos en una comunidad invisible que atraviesa los siglos. El lector no está solo, aunque lo esté físicamente: dialoga con muertos, con ausentes, con futuros posibles. Cuando dejamos de leer, no perdemos información; perdemos compañía.
Otro propósito es evitar el sedentarismo así como alcanzar la paz y sosiego mental. Me gustaría caminar, dar largos paseos. Caminar es una forma de resistencia contra la prisa, una manera de declarar que no todo debe ser útil, inmediato o productivo. Quien camina a diario conserva algo de libertad interior incluso en los días más cerrados o esclavos o funestos.
Respecto a la serenidad. Fernando Pessoa, «Libro del desasosiego»: «He aprendido a contentarme con poco, porque exigir mucho al mundo es invitar al cansancio. Mi paz no consiste en no sentir, sino en no esperar. El sosiego es una forma de modestia; aceptar que la vida no tiene que ser intensa para ser verdadera. Hay una felicidad leve, casi imperceptible, en no pedirle nada al día». O Henri-Frédéric Amiel, en el «Journal intime»: «Todo mi esfuerzo moral consiste en reducir el tumulto interior. No aspiro a la felicidad, palabra demasiado ruidosa, sino a una claridad tranquila, a una región del alma donde nada grite. Cuando consigo ordenar mis pensamientos y aceptar mis límites sin amargura, experimento una paz leve, casi invisible, pero suficiente. El sosiego no es la ausencia de problemas, sino la suspensión del reproche constante que nos hacemos por existir». O, por último, Joseph Joubert, «Carnets»: «No deseo una vida brillante, sino una vida clara. Todo exceso de ruido interior es una forma de error. Pensar con suavidad, sentir sin violencia, escribir sin afán de imponerse: ahí comienza el sosiego. La paz es una corrección silenciosa del alma».
