Tu quoque 55

LA VIDA

A Martha Cots

Ya es hora de meditar la vida,
en esta última vuelta del invierno cálido.
La atravesé guiado por diferentes estrellas,
entre corales sarmentosos y avecillas
con claros ojos de rumor de ramas.
Me acuchilló la mano tibia de Martha,
besos de hondísimo misterio,
fresca gruta donde macera el vino.

Es hora -«l’ horabaixa»- de meditar la vida.
Escribí, leí, estudié, pero, sobre todo,
viví un amor, hecho de ondinas y
gravitación de astros. Busco, con ahínco,
que eso que amé no se pierda. Y, al final,
cuando venga la oscuridad ingrata, busco
que explote como una súpernova del corazón.

Deja un comentario