LA VIDA
A Martha Cots
Ya es hora de meditar la vida,
en esta última vuelta del invierno cálido.
La atravesé guiado por diferentes estrellas,
entre corales sarmentosos y avecillas
con claros ojos de rumor de ramas.
Me acuchilló la mano tibia de Martha,
besos de hondísimo misterio,
fresca gruta donde macera el vino.
Es hora -«l’ horabaixa»- de meditar la vida.
Escribí, leí, estudié, pero, sobre todo,
viví un amor, hecho de ondinas y
gravitación de astros. Busco, con ahínco,
que eso que amé no se pierda. Y, al final,
cuando venga la oscuridad ingrata, busco
que explote como una súpernova del corazón.
