Tu quoque 68

«El público se ha convertido en juez supremo, pero un juez sin formación, impaciente, fácilmente impresionable. Se le ofrecen detalles, anécdotas, efectos; y cuanto más pequeño es el pensamiento, más fácilmente se le hace pasar por profundo», Diderot.

«Veo una multitud innumerable de hombres semejantes y iguales que giran sin descanso sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres. Cada uno vive apartado de los demás, como si fuera extraño al destino de todos. El poder no los oprime: los infantiliza», Tocqueville.

«La estupidez consiste en querer concluir. El mundo está lleno de gentes que opinan sobre todo y no piensan sobre nada. Lo mediocre tiene una fuerza infinita porque se parece a la mayoría. Y la mayoría se reconoce en ello», Flaubert.

«Se acerca el tiempo del hombre más despreciable, el que ya no es capaz de despreciarse a sí mismo. “Hemos inventado la felicidad”, dicen los últimos hombres, y parpadean», Nietzsche.

«El hombre-masa se siente perfecto. Carece de respeto por cualquier instancia superior a él mismo. No escucha, no aprende, no agradece. Cree que vivir es exigir derechos sin aceptar deberes. Es el triunfo del vulgar satisfecho», Ortega y Gasset.

«El mundo moderno se caracteriza por una creciente incapacidad para distinguir entre lo importante y lo trivial. Todo se vuelve igualmente relevante, y por tanto igualmente insignificante», Hanna Arendt.

«Cuando una cultura se convierte en espectáculo, la verdad deja de importar. No es que se oculte, es que se vuelve irrelevante», Neil Postman.

«Sabemos más que nunca y comprendemos menos que nunca. La abundancia de información ha creado un desierto de sentido», Steiner.

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Autores premonitorios, radicalmente lúcidos, que vieron venir la vulgarización, el dominio de la minucia, el triunfo de lo mediocre, lo kitsch, lo mecánico, lo estúpido, y también el empobrecimiento espiritual bajo la máscara del progreso.

Percibieron la sustitución de lo verdadero por lo brillante, la dictadura de lo trivial, el hedonismo moderno, la necedad satisfecha, el ciudadano acémila, el entretenimiento continuo, el caos, en resumen, la mediocridad como patrón estadístico.

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