Tu quoque 82

Las fiestas colectivas tienen algo obsceno cuando se las contempla en soledad. Mi hermana y sus amigos se han ido de fiesta. Pongo la humillante televisión: risas programadas, júbilo obligatorio, música asquerosa, estupidez amplificada. Encender la televisión fue un error, como todos los errores que uno comete de noche. Gente gritando, música idiota, una felicidad impostada hasta la náusea. El alcohol no ayuda; solo hace más visible el asco. En esas horas uno comprende que la fiesta es una forma organizada de la mayúscula imbecilidad. La Nochevieja es una ceremonia cruel para los solitarios. La televisión muestra cuerpos que fingen alegría, canciones bobas que nadie escucha, una sexualidad de supermercado y una felicidad de saldo. El individuo aislado bebe, no para celebrar, sino para soportar el espectáculo de una humanidad que se divierte sin él.

Ojalá estuviera en mi aldea leyendo o durmiendo.

Deja un comentario