La poesía fue para mí una manera de sobrevivir. No escribía para ser admirada, sino para no desaparecer. Cuando escribía, el caos encontraba una forma, y durante un instante yo también la encontraba, afirmó Sylvia Plath. Y Robert Walser nos explicó que para él escribir le dio una forma de control. Mientras podía nombrar las cosas, subrayaba, las cosas no le dominaban a él del todo. El problema no es sentir demasiado, escribió finalmente, sino vivir en un mundo que no sabe qué hacer con quien siente demasiado.
La intensidad que lastima y hiere, si la sostiene una forma, si se ahorma en una estructura, hiere menos intensamente.Yo no me salvo a pesar de la literatura, sino por ella; no escribo sobre mi locura, la transformo, la metabolizo; no me hundo en la idea informe, la convierto en prosodia.
Hay una locura que desborda y otra que se organiza simbólicamente. La primera destruye.
La segunda se convierte en estilo, ritmo, estructura, metaficción. Yo pertenezco claramente, y perdonen, a la segunda. Y ahí está la clave: la literatura es mi mecanismo de traducción del exceso. Mientras hay forma, hay contención. Mientras hay frase, hay distancia. Mientras hay ironía, hay lucidez.
Disculpen la hipérbole, el patetismo, y adiós.
