La literatura fácil produce opiniones de saldo. La literatura difícil produce pensamientos. El lector perezoso busca historias; el lector serio busca formas de comprender. Según Stephen King la literatura es entretenimiento, y el entretenimiento es lo primero. King es honesto. Pero su poética es industrial: producir eficacia, no visión, mundo ni fuerza interior para sostener ese mundo. Según Dan Brown la literatura no debe exigir nada del lector. Pero si no exige nada, nada puede dar.
***
Gustave Flaubert: “El público es un imbécil colectivo. La estupidez humana me parece hoy algo inmenso, ilimitado, insondable. Lo que me desespera no es que no me comprendan, sino que crean comprenderme. Nada me resulta más odioso que la popularidad: es la señal inequívoca de una transacción. El escritor que se adapta al lector medio se mutila; el que escribe para gustar se envilece. Hay que escribir sin pensar en el público, porque el público no existe como entidad pensante: existe como fuerza de aplastamiento. Prefiero mil veces no ser leído, a ser mal leído, porque el mal lector degrada más que el silencio”.
Charles Baudelaire: “El lector moderno quiere emociones inmediatas, explicaciones claras, moralejas visibles. Ese lector no ama la poesía; la consume. No busca ser transformado, sino tranquilizado. Yo escribo para un lector hipotético que no existe aún, o que tal vez nunca existirá: un lector capaz de soportar la ambigüedad, la contradicción, la belleza inútil. El resto es masa, y la masa odia lo que no puede digerir”.
Nabokov: «No pienso en el lector promedio, porque no existe. Pienso en un lector creativo, un lector que relee, que se detiene, que recuerda detalles. El buen lector no es el que se identifica con los personajes, sino el que disfruta de la arquitectura del libro”.
Jorge Luis Borges: “Nunca me ha interesado el éxito masivo. He preferido siempre imaginar un lector ideal, un lector atento, capaz de releer. La relectura es el verdadero acto de lectura. El lector que solo lee una vez no ha leído. Si mis libros llegan a unos pocos lectores y esos lectores los frecuentan como se frecuenta una amistad o un jardín, me doy por satisfecho. La literatura no necesita multitudes: necesita continuidad”.
Friedrich Nietzsche: “Quien escribe para todos, no escribe para nadie. El lector vulgar quiere ser halagado, no desafiado. Quiere que le confirmen su pereza espiritual. Mis libros no son para ser leídos deprisa ni para ser entendidos por cualquiera. Exigen lectores con coraje, lectores que soporten la soledad, lectores que no teman quedarse sin suelo bajo los pies. El resto debe mantenerse a distancia”.
Ezra Pound: “La literatura avanza gracias a una minoría que lee con rigor. La mayoría lee para entretenerse, y eso no tiene consecuencias históricas. Un lector serio es un agente de transmisión cultural; un lector descuidado es un agente de corrupción. El tiempo acaba seleccionando: los libros sobreviven no por el número de lectores, sino por la calidad de esos lectores».
Thomas Bernhard: “El público lo destruye todo. Todo lo que toca lo vuelve falso. Yo escribo contra el público, no para él. El lector que busca consuelo, identificación o esperanza debe mantenerse alejado de mis libros. Mis lectores son pocos, y cuanto menos numerosos, mejor. La literatura no es una terapia de grupo”.
Como Bernhard, yo, Christian mi nombre, de cincuenta años de viejo, odio al público.
