El paciente con esquizofrenia paranoide no razona peor que el hombre sano; razona con una coherencia implacable, pero a partir de un mundo ya desplazado. Lo inquietante no es la debilidad del intelecto, sino su exceso de rigor al servicio de una convicción irremovible. Entiendan que el delirio no es un error corregible, sino una forma de certeza absoluta. No llegamos a él por inferencia, sino por revelación. El contenido puede ser absurdo; la vivencia es radicalmente auténtica para quienes la padecemos.
Antonin Artaud: “No estoy loco. Estoy separado. Me han arrancado el cuerpo y me han dejado la lucidez como una herida abierta. Mi pensamiento no delira: arde”. Pessoa: “Pensar demasiado es enfermar del alma. Yo he vivido siempre en el borde, donde la conciencia se vuelve enemiga de sí misma”.
Dijo mi admirada maestra Virginia Woolf: “La locura no es un monstruo externo que nos asalta; es una marea que sube desde dentro y altera la proporción de las cosas. Las palabras se vuelven demasiado luminosas, los pensamientos demasiado rápidos. No se pierde la percepción: se intensifica hasta volverse insoportable”.
