Por eso amaba más que a nada a poetas locos y a todos sus sucesores, en general la literatura psicopática, porque es la literatura realmente mortal, pero también amaba a los deprimentes bohemios pobres.
Con el mayor placer y el mayor ahínco leía obras de medicina y psiquiatría, una y otra vez, y sus pasos lo llevaban a los hospitales de enfermos e incurables, a los asilos de ancianos y las salas mortuorias. Y si no iba a los hospitales de enfermos, porque no le era posible, leía obras o libros sobre enfermos y sobre enfermedades, y libros u obras sobre incurables.
El lenguaje es una herida indecente. La claridad llega por extenuación. El espasmo, el temblor, el odio, el miedo, habitan el lenguaje. No quiero un cuerpo tranquilo y curado. Quiero mi enfermedad en un asilo de locos, mi cuerpo amortajado donde abrevan las moscas.
