Me he pasado la vida -demasiadas veces- insultando a la vida, pero nunca dejé de aferrarme a ella. Incluso en la enfermedad, incluso en el asco, hay algo que me obliga a continuar: una frase, un color de una palabra, una música, una conversación, una mañana que todavía no ha sido arruinada. Elijo la vida por esta lluvia gallega que cada vez me molesta menos, por Noemí y Clara (círculos que rompen el ojo oscuro del ocaso), por mis amigos tertulianos de Orense (pequeña Atenas con fuego de carbunclo) Pese a que sé que la vida es perfectamente frágil, la elijo, no inocentemente, sino conscientemente. Pese a la finitud, me gusta vivir.
Todo lo que escribo podría ser lo último. Todo libro que empiezo tiene algo de legado y testamento. Quiero vivir y escribir este maravilloso absurdo irrefutable.
