Resulta indecoroso halagarse innecesariamente, pero mi registro escrito habitual no es el oral, sino uno, que me fluye natural sin que deba forzarlo, de tipo abstracto, pero no nebuloso, conceptual antes que expresivo, más bien escrito que dicho. No escribo «como se habla». Mi frase acumula subordinadas, matiza, corrige desde dentro; no creo ser estrictamente barroco, pero sí tenso, más bien denso.
Escribí un post sobre mis post de Facebook donde usé un registro coloquial, desplazando mi centro natural. Seguramente simplifiqué la forma y bajé la densidad, pero no me disgustó la estrategia de proximidad mediante el uso de muletillas, incisos, repeticiones conversacionales.
¿Es la lengua hablada indulgente? ¿Debe la frase escrita sostenerse sola? Acaso la escritura que imita demasiado fielmente la conversación corre el riesgo de quedarse en superficie. Pero una escritura que olvida por completo la cadencia de la mente que habla se vuelve rígida, artificial. Tal sería mi tesis o visión del asunto. Algo como «formalizar» la energía de la charla. Un estilo «elitista», «ma non troppo».
