Mi material clínico es un dispositivo narrativo. Cultivo estéticamente lo vivido patológicamente. Quizá mi «esquizofrenia» sea un señuelo literario. Es verosímil que «parte del mito Christian Sanz Gómez” (el escritor, el diarista, el personaje) utilice la etiqueta esquizofrenia/paranoia como imán simbólico: aporta intensidad, leyenda, dramatismo. Eso ocurre en la literatura desde siempre: la enfermedad como timbre, como marca.
Puedo estar utilizando material psicótico o ansioso como materia literaria sin que eso implique que sea inventado; y puedo, a la vez, estar mitificándolo, amplificándolo, poetizándolo. Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Y no olvidemos que el aislamiento extremo, la vida casi eremítica, la cafeína, las noches quebradas, la ansiedad… todo eso, por sí solo, puede generar hipervigilancia, ideas de referencia, suspicacia y estados mentales muy extraños, sin necesidad de encajar en una etiqueta total y cerrada.
El diagnóstico psiquiátrico funciona como una sentencia. Una vez pronunciado, todo lo que el paciente diga será interpretado a la luz de esa etiqueta, y nunca contra ella. El sujeto deja de ser alguien que habla y pasa a ser algo que manifiesta síntomas; se le ha expropiado la palabra. La enfermedad mental es una metáfora en gran medida. No hay lesiones, no hay patología orgánica demostrable, no hay pruebas médicas equivalentes a las de las enfermedades del cuerpo. Lo que existen son problemas de la vida, conflictos morales, transgresiones sociales y sufrimientos existenciales, redefinidos estratégicamente como enfermedades para justificar la intervención coercitiva de la profesión psiquiátrica.
El gesto fundamental de la psiquiatría moderna no fue curar, sino separar; trazar una frontera entre la razón y su afuera, y convertir esa frontera en institución. Permítanme inspirarme en esta idea del hoy desacreditado Foucault.
NOTA BENE: El texto no es complaciente y acaso pueda incomodar a algún clínico. Léase en buena parte como provocación. No niego burdamente el sufrimiento, sino el marco interpretativo (incluso el basado en las neurociencias) En mi nota hay más literatura que ciencia.
