Cyril 29

El amor entre hermanos tiene una cualidad particular que lo distingue de todos los demás: no aspira a poseer ni a ser exclusivo. Es un amor que habita el tiempo, que se forma en la convivencia silenciosa, en los recuerdos compartidos, en una infancia común que ninguna pasión posterior puede borrar. Cuando amo a mi hermana, amo también la versión de mí mismo que existió a su lado. Nos conocemos en nuestras mezquindades y en nuestras torpezas, y aun así permanecemos. Quizá por eso el amor entre hermanos es el menos espectacular y el más verdadero.

Mi hermana es el único ser ante el cual no necesito justificarme. Me conoce en mis disposiciones más antiguas, en mis manías infantiles, en mis silencios molestos, en mis tics aniñados. No espera de mí grandeza ni éxito; espera simplemente que siga existiendo. Ese tipo de espera, tan humilde y tan constante, es quizá la forma más pura del amor.

Gracias Noemí por atenuar mi angustia, por soportar mi conversación obsesiva, por el cariño sin tasa y sin condiciones. Contigo puedo ser sin máscaras, y no acusas mis rarezas ni mis taras. Y no me infantilizas, me tratas como un adulto, incluso me emociona la admiración que te advierto por mí. No te importan mis logros, fracasos o enfermedad. Gracias Noe por ser un permanente e irrompible refugio de amor.

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