La idea de morir me acompaña como una canción de cuna. No porque quiera desaparecer, sino porque quiero que el dolor termine. Morir sería como cerrar un libro demasiado leído, demasiado aburrido.
Solo. Con intensas ganas de buscarme el corazón con el cuchillo de mango de madera. Pedí una señal para vivir: algo como interferencias en la radio. Debido a una alucinación, las oí.
Hoy he sentido de nuevo esa antigua amenaza; no una tristeza concreta, sino una presión difusa, ganas (enérgicas, definitivas) de matarse. Escribir es resistir el vacío. Voy a llamar al 112 o al 024.
NOTA BENE: Fue un pico de descompensanción. Me ajustaron la medicación. Ya me encuentro de fábula.
