Me quedé traspuesto y soñé. En mi sueño, el lenguaje adquiría una solemnidad intolerable. Cada palabra parecía cargada de siglos, como si fuese pronunciada por la historia misma. Desperté exhausto, no por las imágenes, sino por el peso del significado. Las palabras que oía no eran las del habla común. Cada vocablo tenía una resonancia infinita, como si contuviera todas las acepciones posibles a la vez.
Noto opacas y usadas, grises y sin magia, ya despierto, las palabras del día a día.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Ver todas las entradas de christiansanz71