Cyril 40

La imprecisión deliberada, la oscuridad gnóstica (uso agramatical y embarullado; condición de irrefutable), es una forma de deshonestidad. El escritor no debe deslumbrar con sombras ininteligibles, sino iluminar con palabras exactas. Todo puede expresarse con palabras sencillas, aunque no simples. Todo lo que se puede decir se puede decir claramente o en un sistema adecuado de símbolos. La vaguedad puede ser útil en poesía; en prosa suele ser un defecto. Pensar claro es un primer paso para casi cualquier tipo de regeneración.

Una prosa clásica es una prosa ordenada. La jerga innecesaria y la oscuridad no son síntomas de profundidad, sino signos de deshonestidad intelectual. Schopenhauer: «La primera regla del buen estilo es tener algo que decir; la segunda, decirlo claramente. La oscuridad deliberada es siempre un indicio de pensamiento confuso o de intención engañosa. Quien piensa con claridad escribe con claridad; quien escribe de manera oscura demuestra que no sabe exactamente lo que piensa, o que no desea que se le entienda». Todo pensamiento que pretenda criticar el mundo debe aceptar ser entendido. Y todo lo que puede pensarse, puede decirse con claridad suficiente para ser discutido.

De ahí que entre los escritores hay no poca niebla y mistificación. Demasiada charlatanería estupidizante y desvergonzada perversión del lenguaje. Muchas afirmaciones no dicen nada, aunque aparenten decir algo. El estilo inflado, exuberante, carente de juicio y de contención, es un error estético y moral. Contra el embaucamiento o encantamiento de las palabras, solo recomiendo la lima lógica y el ejemplo. La dejadez de nuestra lengua hace que sea más fácil tener pensamientos necios.

Lo difícil debe ser clarificable; lo oscuro se amuralla contra toda clarificación.

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