Cyril 41

Propendo a la chifladura: la vida ordinaria y yo no nos entendemos bien. Mi sensibilidad percibe como un desajuste chirriante la normalidad, un alarido de ambulancia lo común. Soy excéntrico porque el mundo lo quiso así. Jamás he comprendido por qué se me reprocha haber llevado dos lechones atados con una cinta de seda azul paseando por los jardines de la Plaza San Lázaro. Veo pagodas y Daibutsus en lugar McDonald´s, serpientes de bronce hechas por vestales, gatitos dorados sobre las nubes del cielo nevado. Oigo voces, cada una con su timbre y sistema nervioso propio, veo figuras geométricas vestidas de fosforescencias blandas y rosas. Soy histriónico sin público y exagerado solo en la intimidad de mi cabeza.

¿Loco? La verdadera locura es la de quienes aceptan este mundo sin rechistar.

Deja un comentario