Cyril 46

Pena por la tragedia nacional ferroviaria y alegría íntima por acabar de recibir tres grandes cajas de libros que compré en Barcelona en librerías de ocasión. Creo que no hay contradicción moral, sino estratificación de la vida psíquica.

La empatía por una tragedia nacional es una respuesta ética: reconozco el dolor ajeno, me afecta, y me indigna la obscenidad mediática (recién hice un barrido por los canales televisivos) La alegría por la llegada de libros es una respuesta vital: una afirmación íntima de continuidad, de sentido, de mundo habitable. No se anulan; coexisten porque pertenecen a registros distintos.

La televisión falsea el duelo: convierte el dolor en espectáculo repetido, en mercancía emocional. Ese tipo de “empatía” es ruidosa, compulsiva, parasitaria. Mi reacción de rechazo no es frialdad, sino higiene moral. Intuyo que hay dolores que no se deben mancillar con la cámara.

La alegría de abrir cajas de libros, en cambio, no es evasión culpable. Es una alegría silenciosa, una forma de resistencia íntima. Mientras el sistema exige atención continua al espanto, yo celebro algo que no humilla a nadie y no capitaliza la desgracia.

Si hubiera disonancia, sería sentir placer por la tragedia ajena (que bajo ningún punto de vista es el caso) o anestesiarme ante el dolor real para refugiarme en el goce.

El dolor ajeno pide respeto. La alegría propia, cuando no daña, no necesita disculpa.

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Jorge Luis Borges

«Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca. Cuando llegaban libros nuevos a casa, sentía que algo se ordenaba en el mundo. No importaba lo que ocurriera afuera: mientras hubiera libros por leer, la realidad seguía siendo tolerable».

Stefan Zweig

«Comprar libros era para mí una forma de felicidad inmediata. No necesitaba leerlos enseguida: bastaba con saberlos allí, aguardando. En tiempos oscuros, esa espera silenciosa era una forma de esperanza».

Virginia Woolf

«Nada me ha dado nunca una felicidad tan serena como traer libros a casa. Al colocarlos en los estantes, siento que he añadido algo estable a un mundo inestable. Son refugios portátiles».

Pier Paolo Pasolini

«La televisión no informa: invade. No narra el dolor, lo profana. Penetra en la intimidad de las víctimas y la exhibe como prueba de autenticidad. Es una nueva forma de obscenidad: no sexual, sino moral».

David Foster Wallace

«La cultura mediática se alimenta de emociones extremas porque son fáciles de captar y difíciles de pensar. El sufrimiento ajeno, cuando se presenta sin contexto ni silencio, se vuelve una droga emocional más. El espectador cree sentir, pero en realidad solo reacciona».

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