Cyril 47

Uno se acostumbra a la infelicidad como a un clima. No se la combate; se la gestiona. Aprendes a no esperar demasiado, a no desear con entusiasmo, a caminar con cautela por tus propios pensamientos. La infelicidad duradera no es violenta: es metódica.

He luchado, he creído, he escrito, y aun así el mundo me resulta inhabitable. No por injusto, sino por opaco. No hay sitio para mí en esta época. Hay momentos en que continuar no es una virtud.

Deja un comentario