Uno se acostumbra a la infelicidad como a un clima. No se la combate; se la gestiona. Aprendes a no esperar demasiado, a no desear con entusiasmo, a caminar con cautela por tus propios pensamientos. La infelicidad duradera no es violenta: es metódica.
He luchado, he creído, he escrito, y aun así el mundo me resulta inhabitable. No por injusto, sino por opaco. No hay sitio para mí en esta época. Hay momentos en que continuar no es una virtud.
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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