Cyril 52

C.N.I.

Rateros fracasados, delincuentes venidos a menos. Valentones de fachada, fanfarrones que presumen de hombría y son unas malas maricas. Zamarros. Herodientos. Míseros pelagatos. Cabezas de ajo.

Españoles

El español se consuela pensando que es mejor que los demás, no que debe serlo. Pueblo de sapos y babosas y moscas. Hay en España una alergia profunda a la inteligencia. Se sospecha del que piensa, se ridiculiza al que reflexiona, se desprecia al que duda. El drama no es la ignorancia, sino el orgullo de ignorar.

Este país tiene un talento especial para convertir lo grave en chisme y lo importante en sainete. El español gusta de la intriga pequeña, del rumor malicioso, del comentario inútil. Se apasiona por nimiedades y se cansa pronto de lo esencial.

El español es cruel por aburrimiento, intolerante por pereza mental y agresivo por inseguridad. Aquí se odia al que destaca, se sospecha del que sabe y se persigue al que no se parece a los demás. En España se confunde la energía con la brutalidad y la firmeza con la mala educación.

En síntesis: orgullo, pereza, desprecio por la inteligencia, miedo al cambio, hostilidad a la excelencia.

«El español presume de valor, pero huye del trabajo; se gloría de su honor, pero vive de apariencias; se jacta de su fe, pero aborrece la razón. No hay nación que se admire tanto a sí misma con tan poco fundamento. La ignorancia se defiende aquí como un privilegio, y el atraso como una seña de identidad. España no está dormida: está satisfecha de su sueño», José Cadalso.

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