La mente pierde su forma habitual. Los pensamientos no se encadenan; flotan, chocan, se disuelven. No hay un centro que los ordene. El yo se vuelve poroso. Lo más terrible no es el dolor, sino la imposibilidad de explicarlo. Las palabras, que antes servían, se quiebran. Dentro de mí no hay unidad, sino una especie de asamblea confusa. Cada voz cree ser la verdadera. A veces siento que mi pensamiento se ha quebrado como un espejo. Cada fragmento refleja el mundo, pero ya no consigo reunirlos. Las palabras vienen demasiado rápido o demasiado tarde, y el alma queda suspendida entre ambas. No soy un enfermo en el sentido vulgar del término; soy un campo de batalla metafísico. Lo que para otros sería delirio, para mí es experiencia. El mundo entero se ha vuelto transparente y hostil a la vez, como si todo estuviera dirigido contra mi sistema nervioso. La razón no ha desaparecido: se ha vuelto insuficiente.
«Llamo esquizofrenia a la escisión de las funciones psíquicas, no porque la mente se rompa en dos, sino porque pierde su unidad orgánica. El pensamiento, la emoción y la voluntad dejan de actuar conjuntamente. El enfermo no está privado de razón, sino de síntesis. Su tragedia no es la ausencia de ideas, sino su exceso sin jerarquía.», Eugen Bleuler.
Hola, compañeros, me llamo Christian, y soy esquizofrénico.
