Coexisten en el público lector un lector formado (con “memoria literaria”, hábitos de relectura, criterio estilístico, paciencia para lo difícil) y otro lector “ocasional” (más sensible a la prescripción mediática, a la marca famosa, al regalo ritual, etc)
El matiz importante es que la frontera es porosa y además no separa tanto “personas” como modos de leer: un mismo lector puede leer a Montaigne en invierno y tragarse un “folletín aeroportuario” en verano.
El best seller suele buscar máxima legibilidad, máxima adhesión emocional y mínimo riesgo formal. Es aquello que David Viñas Piquer llama, con expresión feliz, «anabolizantes didácticos».
A mí los libros muy vendidos me producen una desconfianza congénita, como si tuviesen una enfermedad vírica o la lepra. Con ello no afirmo que los libros populares sean necesariamente malos. Pero ¿hay verdadera salvación en el aplauso? ¿No se suelen leer como un calmante, como evangelio de hombre satisfecho? ¿Lo tasa la costumbre de las grandes ventas? Me atraen estas palabras de Albert Caraco: «El best-seller es la prosa de la especie, no del individuo. Habla en plural, piensa en plural y muere en plural. Ningún libro verdaderamente necesario ha sido jamás necesario para todos».
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Traigamos a colación un tren de citas. Más allá de la inevitable caducidad o acierto de sus tesis, merecen ser meditadas con atención. No los invoco como tribunal, sino como coro de advertencias.
Gustave Flaubert
«Nada me parece tan peligroso como escribir para agradar. El éxito inmediato es siempre sospechoso: suele ser el síntoma de una connivencia entre la pereza del lector y la complacencia del autor. Un libro leído por todos es casi siempre un libro que no exige nada a nadie».
Theodor W. Adorno
«La obra que se vuelve inmediatamente accesible para todos es aquella que ya ha renunciado a su verdad. La industria cultural no produce obras que deban ser comprendidas, sino mercancías que deben ser reconocidas. El best-seller no pide atención, sino consumo; no exige concentración, sino identificación automática».
Hermann Broch
«El kitsch literario es el mal absoluto del arte moderno. Su objetivo no es la verdad, sino el efecto; no la forma, sino la aceptación. El best-seller es su vehículo ideal: promete emoción sin riesgo y sentido sin conflicto».
Vladimir Nabokov
«El lector que busca solo identificación emocional, consuelo o confirmación moral no es un lector, sino un cliente. La gran literatura no acaricia: irrita, desconcierta, obliga a releer. El éxito masivo suele indicar que el libro ha evitado cuidadosamente todo aquello que podría incomodar».
Marcel Proust
«Leer no es recibir, sino trabajar. El libro que se comprende de inmediato es aquel que no nos ha cambiado. La verdadera lectura es siempre minoritaria, porque transforma; y lo que transforma no puede ser compartido sin pérdida».
Georges Bernanos
«Vivimos en una época que confunde el número con el valor. Un libro vendido por millones parece justificar su existencia por la aritmética. Pero el espíritu no se mide en ejemplares, y la verdad no se vota».
Italo Calvino
«El libro que se adapta demasiado bien a su tiempo corre el riesgo de desaparecer con él. La literatura que permanece es la que fue incómoda, lenta, resistente a su presente. El best-seller suele ser un libro perfectamente sincronizado con su fecha de caducidad».
