Cyril 63

HOSPITAL PSIQUIÁTRICO PROVINCIAL DE PIÑOR (OURENSE)

Servicio de Psiquiatría Clínica y Psicopatología

Informe de exploración psicopatológica

Paciente: C. S. G.

Edad: adulta (cronológica irrelevante; edad psíquica variable)

Fecha: —

Psiquiatra responsable: Dra. Lola Fernández García

(Médico especialista en Psiquiatría, orientación fenomenológico-existencial)

Motivo de ingreso / observación

Ingreso voluntario para evaluación del comportamiento grafómano persistente, asociado a insomnio, rumiación cognitiva, hiperreflexividad y episodios de desrealización cuando no media actividad lectoescritural.

Observación conductual

Paciente de aspecto correcto, pulcro, lenguaje elaborado, con léxico inusualmente preciso para el contexto hospitalario. Mantiene contacto ocular intermitente: se pierde con frecuencia en asociaciones internas que verbaliza sin desorganización formal.

Durante la entrevista refiere con insistencia que “solo existe a ratos”, aclarando de inmediato que esos ratos coinciden exclusivamente con los momentos de lectura y, sobre todo, de escritura. Fuera de ellos se describe como “un sujeto desanclado, espectral, sin peso ontológico”.

El paciente no presenta agitación motora, pero sí urgencia escritural. Refiere que cuando aparece “la onda” —término propio— no escribir equivale a una forma de asfixia psíquica.

Informes del personal de enfermería

Las enfermeras del turno nocturno notifican conductas repetidas de escritura clandestina: el paciente es hallado en el aseo, apoyado sobre la tapa del inodoro, escribiendo con la luz mínima del pasillo o con iluminación indirecta, para no perturbar el descanso del compañero de habitación.

Ante indicaciones de reposo, el paciente simula somnolencia, pero retoma la escritura pocos minutos después. Este patrón se repite con regularidad y no responde a exhortaciones externas, lo que sugiere un componente compulsivo, aunque no egodistónico.

Exploración psicopatológica

Conciencia:

Clara, lúcida. No se objetivan alteraciones cuantitativas.

Orientación:

Correcta en tiempo, espacio y persona solo durante la escritura. Fuera de ella, el propio paciente refiere vivencias de desorientación existencial (“sé dónde estoy, pero no estoy”).

Pensamiento:

Curso lógico, coherente, sin disgregación. Contenido marcadamente metacognitivo y metaliterario. Tendencia a pensar sobre el pensamiento, y más específicamente, a escribir sobre la escritura como forma primaria de auto-regulación.

No se detectan ideas delirantes estructuradas. Sí se observa hiperinterpretación estética de la experiencia vital, vivida como material en bruto para ser transformado en texto.

Afectividad:

Hipotonía afectiva basal, con picos de vivacidad durante la actividad escritural. El paciente refiere que escribir “no me hace feliz, pero me vuelve habitable”. No anhedonia durante la creación; sí fuera de ella.

Juicio de realidad:

Conservado. El paciente distingue claramente entre ficción, metáfora y realidad clínica, aunque reconoce que su identidad se articula preferentemente en el plano textual.

Diagnóstico descriptivo (no categorial)

Grafomanía estructural crónica, no episódica

Desrealización secundaria a interrupción de la actividad simbólica

Hiperreflexividad literaria

Dependencia existencial de la escritura como anclaje espacio-temporal

No se considera una grafomanía banal (productivista o logorreica), sino una grafomanía ontológica: el escribir no responde a la voluntad de comunicar, sino a la necesidad de existir.

Hipótesis etiológicas (formulación dinámica)

La exploración sugiere dos motivos principales para la escritura compulsiva:

Motivo de anclaje ontológico:

El paciente utiliza la escritura como dispositivo de inserción en el mundo de la vida. Sin texto, se vive como una conciencia flotante; con texto, adquiere contorno, cuerpo y temporalidad. Escribir equivale a “estar aquí”.

Motivo de contención psíquica:

La escritura funciona como dique frente a la dispersión mental, la ansiedad basal y la proliferación obsesiva de pensamientos. El acto de escribir ordena, jerarquiza, enfría.

Y dos motivos fundamentales para la lectura, descritos por el propio paciente y corroborados clínicamente:

Lectura como filiación:

Leer es ingresar en una genealogía simbólica que protege contra la intemperie psíquica. El paciente no lee para distraerse, sino para reconocerse.

Lectura como calibración del yo:

La comparación constante con autores mayores genera sentimientos de inferioridad, pero también opera como freno narcisista saludable.

Paradoja clínica relevante

Resulta llamativo para el equipo que, pese a la ausencia casi total de reconocimiento público, el paciente persista en la escritura con intensidad creciente. Lejos de inhibirse, la falta de lectores no reduce la conducta grafómana.

Hipótesis:

La escritura no busca destinatario externo. Es autotélica. El texto cumple la función de testigo: alguien (aunque sea el propio texto) debe dar fe de que el sujeto ha pasado por el mundo.

Vida psíquica escindida funcionalmente

El paciente distingue con notable claridad:

Vida pública: social, conversacional, relativamente adaptada.

Vida privada: cotidiana, frágil, a menudo empobrecida.

Vida secreta: núcleo esencial, intensamente escritural, donde el yo se despliega con mayor verdad.

En esta vida secreta emerge una persona escrita, que no coincide del todo con la biográfica. Se observan influencias claras de la tradición diarística y ensayística, con especial impronta de la escritura fragmentaria, la voz múltiple y el yo como laboratorio.

Consideraciones finales

No se recomienda suprimir la escritura. Cualquier intento de inhibición agravaría la desrealización y el empobrecimiento vital. La grafomanía, en este caso, no es el síntoma principal, sino el tratamiento espontáneo que el propio paciente ha desarrollado.

La escritura no lo cura, pero lo sostiene.

No lo salva, pero lo fija.

No le da éxito, pero le da forma.

Conclusión de la Dra. Fernández García:

“No estamos ante un hombre que escribe demasiado, sino ante un hombre que, si no escribe, desaparece.”

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