Cyril 73

Escribir para mí funciona como una regulación psíquica, no meramente como un acto expresivo. Cuando no escribo, la vida se vuelve demasiado inmediata, heridora, demasiado cercana, como una molesta cara pegada a la mía, demasiado cerca. Me equilibro escribiendo. Mis impresiones se equilibran escribiendo. Pongo orden, enhebro el grito y el aullido escribiendo. No confieso, organizo. No reflejo, opero a corazón abierto.

Y escribo de noche, durante la maravillosa noche. Bernhard: «La noche es el único momento en que el pensamiento no es interrumpido por la estupidez ajena. Durante el día, todo conspira contra la concentración; de noche, el mundo se retira. El escritor nocturno no busca inspiración, busca silencio. La noche no consuela, pero permite. Escribir de noche es aceptar una forma de soledad radical, sin testigos ni coartadas».

La noche es el tiempo natural de la escritura porque es el tiempo en que el mundo se vuelve parcialmente legible. Cuando el ruido cesa, el pensamiento recupera su densidad. El escritor nocturno trabaja entre el sueño y la vigilia, entre el sentido y su disolución.

La escritura regula la mente y la noche regula el mundo.

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