Cyril 74

Mis fantasías sexuales son muy ingenuas y nada rocambolescas. Durante casi toda mi vida, y debido a problemas por mis nulas relaciones y capacidades sociales, debí solventar las pulsiones mediante el amor mercenario. Ahora, ya en edad madura, y muy medicado, y con insuficiente dinero, y con problemas de hidráulica, satisfago el deseo -veneno de oro en yates de lujo- mediante un eventual onanismo.

Pero, aunque el placer pasa, la inquietud permanece. El deseo. Ese instante aumentado de amarillas vestiduras de las playas, esos cuerpos de sangre y libres libélulas. Qué extraordinaria vulnerabilidad dejar de ser espíritu para convertirte en algo torpe, necesitado, tirante. La agitación del caos modelando otras formas.

Besar, acariciar: memorias de un galeote hundido en alta mar.

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