Cyril 76

De noche escucho la radio no por interés, sino por defensa. La voz humana, incluso cuando dice banalidades, protege contra la sensación de aislamiento absoluto. No importa qué se diga: importa que alguien esté hablando. Es una barrera que tenemos los insomnes contra el vacío. Se agradece que haya alguien despierto, cálido, cuando todos duermen. Se agradece el ritual nocturno. Los desvelados formamos una comunidad íntima y extraña; los solitarios agradecemos al locutor que rompa, sin saberlo, el hielo de nuestra soledad.

Deja un comentario