Cyril 83

Nieva. El paisaje hoy ha cambiado por completo el tono del día. Todo parece amortiguado, como si el mundo hubiera sido envuelto en algodón. Incluso los pensamientos llegan con retraso. Es curioso cómo el paisaje impone una forma de sentir: la nieve no adorna, apaga, y en ese apagarse hay una calma que no es alegría, sino suspensión. Lo blanco ha impuesto una clausura delicada. Todo invita a recogerse, a quedarse dentro, no solo de la casa sino de uno mismo. Es un silencio que no oprime, sino que protege. La nieve me obliga a escuchar lo que normalmente dejo pasar. Esta nevada cae sin esfuerzo, y eso es lo que más conmueve. No lucha contra nada. Simplemente se posa. El mundo, cubierto de nieve, parece por fin dispuesto a no exigirnos nada.

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