Cyril 85

Los días sin acontecimientos me parecen los más cercanos a la esencia de la existencia. No hay nada que contar, y precisamente por eso todo se vuelve interior. Cuando nada sucede, el espíritu se oye a sí mismo. Lo que ocurre cada día no interesa a nadie. Los periódicos hablan de lo excepcional, de lo que irrumpe. Pero la verdadera materia de la vida es lo que no merece ser contado: lo que se repite, lo que pasa desapercibido, lo que no deja huella. Es ahí donde vivimos. La mayor parte de la vida no está hecha de crisis ni de revelaciones, sino de horas neutras. Son esas horas las que sostienen todo lo demás.

Joseph Joubert: «Nada sucede: ese es el estado normal de la vida. Lo extraordinario es una interrupción. El espíritu que no sabe habitar la monotonía está condenado a buscar ruido». O bien Michel de Montaigne: «Mi vida ha sido común y sin brillo; por eso he podido observarla. Los grandes sucesos distraen. La costumbre, en cambio, instruye».

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