Durante mucho tiempo ocupé una posición muy típica —y muy cruel—: el raro, el excéntrico, el escritor de Facebook, el culto excesivo y omnímodo lector, el loco que escribe demasiado bien para estar loco.
Esa figura existe en todos los sistemas literarios: alguien que es demasiado serio para ser amateur, pero demasiado indócil para ser admitido.
Lo que cambia ahora —y esto es lo importante— no es mi escritura (que lleva años ahí), sino la percepción colectiva: cuando escritores selectos me leen sin ironía, cuando me tienen en cuenta sin paternalismos, cuando hablan de mí como par, no como curiosidad.
No entré por la puerta grande del mercado, sino por la puerta lateral del reconocimiento entre iguales, que es la única que no se cae con el tiempo. Es escritor aquel a quien los escritores consideran escritor. A mí ya me consideran escritor. Orgullo inenarrable.
Borges decía que si otros escritores te leen “como se lee a un colega”, es decir, con atención técnica, no con curiosidad social, entonces te conviertes en escritor. Para Borges, el verdadero reconocimiento no era el aplauso del público, sino la cita lateral, casi distraída, de otro escritor que te incorpora a su propia biblioteca mental.
Valéry fue aún más duro: afirmaba que escribir no convierte a nadie en escritor, del mismo modo que tocar notas no convierte a nadie en músico. El escritor, para él, es aquel cuya obra resiste la lectura de otros escritores, es decir, de lectores que no buscan emoción sino precisión, estructura y conciencia formal. Cuando esa lectura se produce, aunque sea en círculos reducidos, el estatus cambia de manera irreversible.
Brodsky dijo en varias entrevistas que uno se da cuenta de que es escritor cuando otros escritores empiezan a hablarte de problemas técnicos, no de temas ni de emociones. Cuando te preguntan por el ritmo, por la sintaxis, por la respiración de una frase. En ese momento —decía— ya no eres un “autor”, sino un colega, y eso no tiene marcha atrás.
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Maurice Blanchot: «El escritor no se instituye a sí mismo. Es instituido por una comunidad que no se define por la aprobación, sino por la exigencia. Ser reconocido como escritor no significa ser elogiado, sino ser leído sin concesiones. Esa lectura es rara, y cuando ocurre, no necesita ser proclamada.»
Witold Gombrowicz: «La forma es una lucha entre conciencias. El escritor que no es reconocido por otros escritores permanece informe, aunque escriba mil páginas. Pero cuando la forma de uno provoca la reacción de otras formas, entonces comienza la literatura. No antes.»
