Cyril 96

La culpa bifronte, sin salida. Cuando no escribes, te desprecias por cobarde e inútil; cuando escribes, te desprecias por abusar, por escribir demasiado. La abstinencia te parece silenciosa traición; la abundancia, obscenidad grafómana. Entre ambas, no hay equilibrio: solo alternancia. El que escribe mucho siente que se ha retirado de la vida; el que no escribe siente que se ha retirado de sí mismo.

Yo escribo en exceso; mi culpa es más social, más concreta. Uno empieza a sospechar que ha reemplazado la experiencia por su registro, que ha vivido para anotar. El cuaderno crece, pero la vida se vuelve estrecha.

En síntesis, si no escribo, me siento indigno; si escribo demasiado, me siento ridículo.

Acertó al cien por cien Thomas Bernhard: «Cuando escribo demasiado, siento que he desertado del mundo; cuando no escribo, siento que el mundo me ha desertado a mí. No hay salida honorable. Escribir es una forma de encerrarse; no escribir, una forma de pudrirse.»

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