Nos invade algo así como una prosa periodística, trillada y funcional. No toda prosa elaborada es barroca, pero toda prosa literaria es elaborada. La elaboración no es ornamento: es trabajo innegociable sobre la materia verbal. Una frase elaborada es aquella que no podría haber sido escrita de otro modo.
La prosa funcional, mineral, eficiente y podada, suele esconder vacío conceptual. El estilo plano no garantiza claridad; a menudo garantiza que no hay nada que aclarar. Escribir “bien” con frases cortas es fácil cuando no hay conflicto sintáctico ni pensamiento en fricción. No es una prosa humilde, sino una prosa sospechosamente obediente.
La prosa periodística en la novela moderna introduce un ideal tácito, a saber, que el lector no tropiece, no relea, no se detenga. Eso es exactamente lo contrario de la literatura.
Cicerón: «No me satisfacen en absoluto aquellos discursos que, aunque correctos y claros, carecen de elevación y de ritmo. Decir lo justo y necesario puede bastar para informar, pero no para persuadir ni para conmover. La verdadera elocuencia no consiste en evitar el error, sino en alcanzar una forma tal que la frase misma parezca inevitable. Hay discursos que se entienden y se olvidan en el mismo instante; otros, en cambio, permanecen porque su estructura ha tocado algo más profundo que la mera comprensión. El oído juzga antes que el entendimiento, y allí donde el oído no halla placer, el espíritu se retira».
Y Vladimir Nabokov , en «Lectures on Literature»: «Llamar “simple” a una prosa es, con frecuencia, una manera educada de decir que no tiene estilo. La buena prosa no es transparente: es translúcida. Deja pasar la luz, pero conserva su color. El escritor que escribe como un periodista ha renunciado a la dimensión sensorial del lenguaje, que es donde comienza la literatura. Donde no hay juego verbal, donde no hay riesgo sintáctico, no hay arte».
Y también Quevedo: «Escriben algunos con tal llaneza, que más parece que cuentan que piensan. Confunden claridad con pobreza y brevedad con flaqueza. Yo no he tenido jamás por virtud decir poco, sino decir lo necesario con fuerza. La prosa que no aprieta no persuade, y la que no resiste no dura. Prefiero ser oscuro por exceso que transparente por inanidad».
El escritor que no oye lo que escribe, escribe para funcionarios del entendimiento, no para lectores.
La prosa eficaz, transparente, es una invención administrativa. Se escribe así cuando no importa lo que se dice, sino que se diga rápido y sin resistencia.
