La matanza del cerdo. Nunca se olvida. La sangre humea sobre la tierra helada y nadie parece escuchar el chillido, porque en los pueblos se aprende pronto a no oír lo que no conviene. La matanza es brutal, sí, pero es una brutalidad antigua, reglada, casi administrativa. Un acto necesario y, por ello mismo, terrible. No hay sadismo, pero sí una aceptación dura del dolor ajeno. El grito del animal quedaba suspendido en la memoria como una pregunta sin respuesta teológica. El chillido del cerdo es un recordatorio obsceno de que la vida rural no es idílica, sino exacta y despiadada.
Cyril 128
Publicado por christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura. Ver todas las entradas de christiansanz71
