Cyril 130

En invierno, en el campo, reina un silencio particularmente opresivo. No porque no ocurra nada, sino porque lo que ocurre sucede muy despacio. La vida continúa, pero en voz baja, como si temiera despertar a alguien.

El silencio en invierno de Nogueira es insoportable para quien necesita distracción. Todo se oye demasiado: los propios pensamientos, la respiración, el paso del tiempo. Es un silencio que acusa. La conciencia aprende a demorarse en la angustia. Las calles mudas, los hórreos quietos, las casas cerradas, componen una escena donde el tiempo parece haberse detenido por decreto.

Llega el frío, el silencio se mete en todo, cala en los huesos. No se oye nada, pero se siente. Es como si la tierra se hubiera quedado pensando, esperando a que alguien diga algo acaso cruel.

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