Cyril 136

(A Santiago Lamas)

Lamas no es meramente antipático, gruñón, huraño o híspido, sino que no se engaña suavizando el mundo para hacerlo habitable; se limita a soportarlo tal como es. Hay en él una cierta ética del rechazo. No concede familiaridad fácilmente. No cree que todo merezca ser compartido, comentado o celebrado. Su mal humor no es capricho, sino una forma de sobriedad. Santiago Lamas Crego es esencialmente inaccesible, no tolera la banalidad, no participa del entusiasmo obligatorio, no cree en el mito de la cordialidad. Pero bajo esa coraza, hay una firme lealtad, lucidez extrema y esa bondad sui generis que consiste en no dejarse embaucar.

Hay quienes llaman mal carácter a la negativa para aceptar lo que todos aceptan. Pero no es mal carácter: es resistencia. El hombre que no sonríe cuando se le exige que sonría no es antipático; es libre. La aspereza es a veces la única forma de no colaborar con la estulticia. Los hombres verdaderamente íntegros pasan por ser insoportables. No saben agradar, no les gusta ser adulados, no saben mentir con cortesía.

Mi maestro Joubert lo dijo mejor que nadie: «Los caracteres ásperos suelen ser profundos. No se entregan porque saben lo que cuesta entregarse. Desagradan porque no disimulan. En ellos, la sequedad es una forma de fidelidad».

El hombre «túzaro» no soporta la mediocridad moral del trato social. Prefiere el silencio a la cortesía hueca. El que protesta constantemente es el único que todavía está vivo. Los demás ya han pactado, podríamos decir.

A Lamas el rostro se le ha vuelto anguloso, casi cortante, como si la piel se hubiera adaptado al hueso para ahorrar gestos inútiles. Los ojos, pequeños y vigilantes, parecen observar siempre desde una distancia reconcentrada, como si el cuerpo entero fuese una atalaya cansada. Delgado. Cara de haber vivido sin hacerse demasiadas ilusiones. La espalda algo vencida, los hombros estrechos, el abrigo siempre algo holgado, ágil y nervioso el andar. Una apariencia austera, casi ascética, impropia de su fama de erotómano. Usa boina planiana. Lluvioso y sin adornos.

Hace décadas que solo lee a los griegos.

Un honor ser su pequeño discípulo.

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