Cuando un animal nos acompaña en silencio, sentimos que algo en nosotros descansa por fin de la tarea interminable de explicarse. Las mascotas quiebran la tiranía del significado. Piden amor, cuidados, mundo, y ofrecen cariño, lealtad, y la más hermosa realidad.
Ita durmiendo a los pies de mi cama. Ita no juzga mis días buenos ni mis días inútiles. Me concede una gracia rara: la de ser aceptado tal cual soy. Frente a ella, no tengo que convencer, solo cuidarla. Y ese cuidado, humilde y repetido, es una forma discreta de felicidad.
Como dijo Pessoa, cuando observo a mi perra, siento una paz que no comprendo y que no necesito comprender.
