Política: apariencia de solidez del puro aire. Hacer de las mentiras, verdad. Vaguedades defendiendo lo indefendible. El lenguaje político consiste en gran parte en eufemismos, paralogismos, preguntas capciosas y una nebulosa imprecisión.
«Del mismo modo que la cocina se disfraza de medicina para agradar al cuerpo sin curarlo, la retórica se disfraza de política para agradar al pueblo sin hacerlo mejor. No pregunta qué es justo, sino qué resulta convincente; no busca la verdad, sino el aplauso», Platón, «Gorgias».
Las palabras en boca de un político son puños y tóxicas dosis de arsénico. Clichés repetidos automáticamente ayunos de significado. Si el lenguaje es previsible, burocrático, entonces el pensamiento es superfluo, vacío. Hablar para no decir nada. Destrozar al adversario con mazas y no convencer con ideas.
El lenguaje político degradado no es un accidente ni una incompetencia, sino una técnica.
Los políticos no buscan describir, sino ser obedecidos.
