Pisístrato entró en Atenas simulando haber sido atacado por sus enemigos, lleno de heridas falsas, para pedir una guardia personal “por seguridad”. Trump no fingió heridas físicas, pero sí una agresión permanente del “sistema”, de los medios, de las élites, que justificaba medidas excepcionales. Cleon, descrito con desprecio por Tucídides y Aristófanes, era alborotador, vociferante, antiintelectual y hostil a la moderación. Especialista en dividir a la polis en “ellos” y “nosotros”. Dionisio de Siracusa desconfiaba de todos, se rodeaba de fieles incompetentes, pero leales, y veía conspiraciones por doquier.
Trump no gobierna para su país, sino para oír su nombre repetido. No pocos aires de familia tiene con aquellos tiranuelos griegos.
