Cyril 162

El mundo habla demasiado y dice muy poco. Sueño con Simón el Estilita o con Antonio Abad. Uno tiene la impresión que callar es sospechoso, el silencio parece arrogancia y que quien no opina “no existe».

«El silencio no es ausencia de palabra, sino una palabra que ha decidido no prostituirse”, expresó con su habitual lucidez Cioran. Y, si me permiten la erudición (o la pedantería), recuerdo ahora a Miguel de Molinos: “Quien habla mucho de Dios, aún no ha entrado en Él. Cuando el alma llega al centro, la palabra cae como cáscara inútil, y el silencio ya no es virtud, sino estado”, «Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz», Roma: Ex Typographia Angeli Bernabò, 1675, Parte I, cap. XII, §7, pp. 96–97.

Deja un comentario