Hace unos dos días se ha publicado un nuevo Estudio sobre Cultura Científica en España de la Fundación BBVA, basado en encuestas representativas a más de 4000 adultos, que ofrece datos robustos sobre cómo piensan los españoles acerca de hechos científicos básicos, creencias conspirativas y su nivel de conocimiento y actitud hacia la ciencia.
Más del 80 % de los españoles dice estar interesado en la ciencia, especialmente por el placer de aprender, aunque solo alrededor del 23–37 % se siente bien informado sobre temas científicos.
Conceptos elementales de ciencia o metodologías científicas (como “algoritmo”, “grupo de control”, “variable independiente”, «cambio climático», «vacunas», «inercia» etc) presentan dificultades de comprensión entre una parte muy considerable de la población.
Una minoría significativa todavía sostiene ideas que van en contra de la evidencia científica:
(i) Creencias sobre extraterrestres ocultados por gobiernos: alrededor del 28 % lo considera plausible o verdadero.
(ii) Duda sobre la llegada del hombre a la Luna: aproximadamente 22 % expresa dudas o rechazo.
(iii) Negacionismo del cambio climático: cerca del 15 % cuestiona su existencia o causa humana.
(iv) Asociar vacunas con autismo (creencia sin base científica): cerca del 6 % lo cree.
(v) Terraplanismo: aproximadamente el 5 % sostiene que la Tierra es plana.
En resumen: aunque esas creencias son claramente minoritarias, no son anecdóticas — y se observan especialmente entre segmentos con menor nivel educativo o menor comprensión científica.
A mi juicio el estudio muestra datos notables de analfabetismo científico. La cultura científica no se limita a conocer hechos; implica comprender cómo se genera, valida y aplica el conocimiento científico. Sin esta comprensión, las personas son más vulnerables a creencias erróneas y a la manipulación informativa. Existe una relación no lineal entre conocimiento científico y confianza: mientras aumenta la confianza, el conocimiento real puede estancarse, lo que a menudo genera sobreconfianza sin fundamento.
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«Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la que casi nadie sabe nada de ciencia ni de tecnología. Esta es una receta clara para el desastre. La ciencia es algo más que un conjunto de conocimientos: es una forma de pensar. Si no somos capaces de distinguir entre lo que se siente bien y lo que es cierto, si no podemos evaluar pruebas y detectar falacias, quedamos a merced de quienes tienen poder y están dispuestos a explotarlo. En una democracia, la ignorancia científica no es solo un inconveniente: es una vulnerabilidad estructural», Carl Sagan.
«El analfabetismo científico no consiste simplemente en no conocer hechos científicos, sino en no comprender cómo funciona el conocimiento científico: qué es una hipótesis, qué cuenta como evidencia, por qué los experimentos controlados importan y por qué la anécdota no sustituye a los datos. Muchas personas creen “pensar críticamente” cuando en realidad solo están racionalizando intuiciones previas. Esa ilusión de racionalidad es más peligrosa que la ignorancia franca», Steven Pinker.
«La mayoría de las personas no son ignorantes en el sentido clásico; son confiadas sin fundamento. No saben cuánto no saben. Cuando se trata de ciencia, esta combinación —ignorancia más exceso de confianza— resulta especialmente tóxica, porque genera opiniones firmes sobre cuestiones que requieren alfabetización estadística, comprensión de probabilidades y familiaridad con el método científico», Daniel Kahneman.
