La cama es mi patria. Me tiendo y reino en mi madriguera soberana. La cama es el lugar donde el pensamiento se vuelve faisán de cristal a punto de hacerse añicos. Allí, sin distracciones, todo argumento gira como un derviche. El cuerpo yace, la cabeza no cesa.
Pero de pie es difícil conocer la verdad. Levantarme me parece una exigencia desproporcionada. Desde allí el mundo es, al fin, tolerable. El que permanece acostado se declara incompetente para la sevicia, para la comedia diaria, para la velocidad con que el mundo se atropella.
La realidad es hostil, absurda y mal organizada. Los metros cuadrados de mi cama son mi único paraíso.
