Cyril 171

El primer mordisco del croissant no es nunca gustativo, sino acústico. Hay un leve crujido, casi un susurro de confesionario, y solo después llega el sabor: mantequilla tibia o mermelada roja. Pliegue de la textura hojaldrada y honesta, sabor de mañana clara. No excita; aquieta el ánimo y acompaña. Sabor envolvente cuando el día aún no se ha endurecido. Caricia breve en la lengua.

Unas mifas sobre la mesa.

La mañana continúa.

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