Cyril 173

El cielo gallego desciende como una tapa de plomo sobre los tejados, y la luz queda dentro, prisionera. No hay azules ni consuelo; hay una claridad enferma que lo iguala todo. Bajo ese cielo, las gentes caminan encorvadas no por cansancio, sino por costumbre. La nube es aquí una forma del carácter.

Bajo esa bóveda sin brillo, lenta, repetitiva, exacta, el pensamiento se vuelve grave, y la esperanza aprende a hablar en voz baja. El gris entristece y exige.

Cielo gris. No pasa nada.

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