
No es una curiosidad ociosa investigar y estudiar. El entendimiento humano no nos fue dado para permanecer inactivo, sino para ejercerse; y se envilece cuando se lo reduce a la repetición de fórmulas heredadas y acomodadas. El estudio fortalece la mente, disciplina el juicio y acostumbra al hombre a distinguir entre lo probado y lo supuesto.
El estudio preserva de la superstición. Allí donde la ignorancia gobierna, la credulidad se instala; y donde no hay estudio, florece el engaño. No pensar no es una forma de inocencia, sino de abandono. El estudio serio y paciente es una disciplina de la mente; y enseña humildad ante los hechos y templanza ante las conjeturas.
Permítanme una idea demoledora frente al anti-intelectualismo: La ignorancia voluntaria no excusa el error: lo agrava. Quien rehúsa examinar, rehúsa también la responsabilidad de su propio juicio.
Observamos entusiasmos ciegos, obediencias mecánicas, supercherías extravagantes y pasmosamente inexactas. El estudio regular evita esas tiranías. Estudiar no es acumular datos: es aprender a no ser engañado.
Whewell, «On the Philosophy of Discovery» (1860): «Los grandes descubrimientos no son fruto del azar ni de una iluminación súbita que visite a mentes ociosas. Son el resultado de una larga familiaridad con los hechos, de un ejercicio constante del pensamiento y de una disciplina intelectual que prepara al entendimiento para reconocer la verdad cuando se presenta. El estudio no garantiza el descubrimiento, pero sin estudio no hay descubrimiento posible».
Y Mill, en «Inaugural Address Delivered to the University of St Andrews» (1867) habla directamente del estudio, la universidad y la ciencia. Es uno de sus textos más importantes.
«El objeto de la educación no es hacer de los estudiantes meros instrumentos de una profesión, sino formar seres humanos capaces de juicio independiente. El estudio de la ciencia no vale solo por las verdades que enseña, sino por el hábito mental que inculca: exactitud en la observación, sobriedad en la inferencia y resistencia a la ilusión […] Una mente no entrenada puede creer firmemente sin comprender nada. El estudio riguroso es el antídoto contra la convicción vacía […] La mente que rehúye el esfuerzo intelectual se vuelve crédula. Allí donde no hay hábito de pensar con rigor, cualquier apariencia se acepta como explicación».
Y, por último, Gracián: «No basta tener entendimiento; es menester ejercitarlo. El saber no se hereda: se conquista. El que no cultiva su ingenio, lo pierde; y quien no adelanta, retrocede. Hay entendimientos que nacen capaces, pero mueren estériles por falta de estudio».
