Cabaleiro 10

La patria no existe fuera de los hombres que la hacen; vive mientras ellos la recuerdan y la renuevan, recuerdo que dijo Michelet. Y según Theodor Mommsen: “La patria no es una emoción primaria ni un arrebato sentimental, sino una construcción histórica sostenida por el derecho, la costumbre y la participación cívica. En Roma, el amor a la patria no se expresaba en proclamas, sino en obediencia a la ley común y en la aceptación del deber público. Cuando la ley se corrompe, la patria se vacía; cuando el civismo declina, el patriotismo degenera en retórica.”

Para H. L. Mencken el patriotismo era una superstición política: “El patriotismo es la convicción de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él. Se trata de una emoción elemental, útil para movilizar masas, pero intelectualmente indefendible. La patria, cuando se la invoca sin ironía, suele servir para justificar estupideces que ningún individuo aceptaría en privado».

Edmund Burke justificaba la nación como herencia viva y continuidad moral: “La nación no es una invención momentánea ni un contrato firmado por individuos aislados, sino una asociación entre los vivos, los muertos y los que aún no han nacido. Amar la patria es respetar esa continuidad invisible que da sentido a las instituciones y dignidad al sacrificio.”

Yo creo que, con erosión de costumbres y falta de lealtad a los símbolos, con la predilección por comodidades privadas en lugar del bien común, sin ciudadanos capaces de juicio independiente, la nación puede disolverse.

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